miércoles, 2 de julio de 2014

La actualidad es un plato que puede servirse frío



La actualidad, como todo el mundo aprende, se superpone imparable a sí misma a modo de capas de tartas o lasañas en constante elaboración. Los asuntos candentes del momento pasan a enfriarse al poco de abandonar el horno editorial o bloguero, para ser consumidos con avidez por traganoticias y engulletitulares.

Cada cual tiene, además, la posibilidad de elegir el restaurante, de papel o de electrones, donde sabe que no le van a defraudar con el menú, y allí acude a saciar las ganas y la curiosidad. Hay quien se convierte en cadena urgente de transmisión de titulares, y corre a reflejar en sus muros y tuits esas mismas noticias; en ocasiones, sin siquiera leerlas antes, sin digerirlas, sin comentarlas, ni explicarlas u opinar sobre ellas (y me pregunto, ¿las habrán asimilado o entendido antes de compartirlas, o lo hacen mecánicamente para demostrar que están al día, como gente bien informada, «por favor»? pero dejemos para otro momento el uso menos modesto, a mi entender, de las redes sociales).

Por desgracia, si los ingredientes de la actualidad son historias humanas, más concretamente, tragedias con personas involucradas, ese enfriamiento es un síntoma nada alentador de que existe una corteza que aísla cada vez más concienzudamente nuestras conciencias, si esto puede ser. 

Captura de una pantalla del juego «FindMe»
El pretexto que alegamos es que sería insoportable vivir con las mismas malas nuevas siempre frescas —o calientes— ante los ojos.  Hasta las peores noticias deben renovarse, justificamos, para no tener tiempo de saborearlas, y para que el regusto agrio no enturbie nuestra existencia más allá de lo admisible ¡bastante dura es ya la vida, sin noticias que la empeoren!

El secuestro de doscientas niñas nigerianas hace más de dos meses por el grupo islamista radical Boko Haram es uno de esos platos que abrasaron nuestra sensibilidad mientras las teles y las radios consideraron que aún tenían suficiente sabor para incluirlos en cada informativo, modificando, eso sí, el acompañamiento o la guarnición. Pocas tertulias se preciaban de estar al día si no criticaban esta tragedia humanitaria y la calificaban, como mínimo, de bestialidad, regreso a la edad media, o fundamentalismo irracional e inhumano. No faltaron los intentos de políticos, presentadores y otros personajes mediáticos, que lucieron sus hashtags reivindicadores para multiplicar la temperatura de la noticia y el disgusto que provocaba entre la gente de bien. Parece que no sirvió de mucho, pero había que intentarlo.

Captura de una pantalla del juego «FindMe»
Pasaron las semanas, y me entero de que hace tiempo que circula un juego —educativo y serio, «serious games» sostienen en sus pantallas—, llamado «FindMe», cuyo objetivo es buscar a las escolares nigerianas, que pecaron al intentar educarse para forjarse un futuro. La única regla del juego es, precisamente, conseguir notoriedad en los medios y, sobre todo, mantenerla, para poder aspirar a un final feliz.

Las pantallas del FindMe, sugieren, con estremecedor acierto que «Cuanto más tiempo salga un niño desaparecido en TV, más probabilidades habrá de rescatarlo con vida».

Sirva este rincón de la red, para devolver, siquiera momentáneamente, el calor a esa ración de actualidad fría y exigir que no se interrumpa la búsqueda de las adolescentes. #BringBackOurGirls

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